7 de agosto de 1996

Hace un año escribí esta entrada, ahora cumplo treinta y uno y este recuerdo vive en mi memoria.

—Algo traman—pensó una niña.

Su abuela le había tomado las medidas y su madre había llegado con un paquete misterioso envuelto en papel café oscuro, pero nadie le decía nada, su hermana no hacía caso a su curiosidad y la niña seguía pensando.

Un día como cualquier otro, su mamá la bañó personalmente, la peinó y perfumó y sacó del armario un lindo vestido color mostaza, con un escote en forma de corazón en la espalda, ¡y no solo eso! también unas lindas zapatillas mostaza y calcetines mostaza «¡Lo más bello que una niña había visto en zapatos!»

—Hoy cumples siete años— dijo su madre cariñosa. «¡Que sorpresa! ya hacía mucho no celebraba un cumpleaños»

Como una princesa todos los miembros de la familia la felicitaron y por la tarde llegó Don Tavo, el fotógrafo del pueblo para plasmar la sonrisa del cumpleaños número siete, mientras su madre afanada con un espejo por detrás para que también quedará plasmado el coqueto escote en forma de corazón.

En celebración de mi treinta cumpleaños, dejo una memoria que vive en mí.

Elia Santos