Refugio





El día previo a mi partida, observé por primera vez detenidamente en 15 años, aquella casa; sus paredes blancas cubiertas de polvo, su techo lleno de telarañas, inhalé hondo para guardar su aroma en mi me memoria, observé las grietas en el piso de la cocina, aquella cocina rústica que tanto desprecie y a la que había ignorado. Caminé despacio observando todo con calma por última vez, con el propósito de nunca olvidar de dónde había salido, para esforzarme en nunca volver, le estaba dando la despedida a aquella casa que había considerado mi cárcel.

Mientras la recorría los recuerdos se agolpaban en mi memoria; los juegos, las risas, las tristezas, las navidades y de pronto comenzó a llover, me paré en el umbral de la puerta de la cocina para ver la lluvia correr, y mientras observaba los recuerdos se hacían más fuertes, y comprendí; que nada volvería a ser como antes, y que la etapa de mi vida que estaba clausurando había sido hermosa y la cárcel en realidad era mi refugio.

Han pasado 13 años desde aquel día, no he vuelto a vivir en esa casa, pero la recuerdo con nostalgia, y cada vez que mi alma está inquieta vuelvo ahí, ya sea físicamente o regreso en memorias.

Elia Santos

Marzo 2020