micro relato

El ahora, lo cotidiano

Caminaba absorta por la estrecha vereda que conducía a cualquier parte, sus pensamientos estaban puestos en un solo tema «El verano».

    Solía disfrutar cada uno de sus días, era la oportunidad perfecta para descansar bajo la sombra de un árbol, las tardes encantadas e interminables sobre el césped y un buen libro eran la combinación perfecta de tan calurosos días, la lista de actividades era interminable, a diferencia de otros años este, no podría viajar e ir a la playa. Con fastidio observó sus brazos pálidos, la idea de pasar un año completo con ese color de piel le causo enfado.

    «Ya nada es como antes. pensó.» levantó la vista y vio en el cielo los pájaros surcar el cielo y por un momento sintió envidia de ellos. Se dio cuenta que llevaba mucho tiempo caminando y cuando reparó en ello recordó que su tiempo al aire libre había terminado, había robado minutos que pertenecían a otro grupo y se preocupó porque el regreso sería más lento; sus piernas estaban adoloridas, así que lo más rápido que puso emprendió el regreso a su hogar sin detenerse a admirar el cielo o los árboles, «mañana estaré pendiente de la hora. pensó frustrada.»

Elia Santos

2020

literatura, micro relato

El silencio y la soledad

reflexion la ventana del hospital

Era un pueblo árido, olvidado por los hombre, y según algunos pobladores olvidado también por Dios, ya nadie se atrevía mirarse a los ojos, mucho menos darse la mano, caminaban como autómatas al ritmo del silencio, tenían vergüenza de sus vidas.

¿Tiene ritmo el silencio? -Se preguntó Luis mientras observaba la tarde parsimoniosa número catorce mil novecientos de su vida, desde la ventana enmohecida llena de polilla de su pequeña sala, él había tenido la osadía de observar a cada persona de aquél mísero pueblo y escribía, cada palabra salía a cuenta gotas, mudo en el silencio de palabras sus manos contagiadas se entumecían, cada personaje de su obra no tenia voz ni estructura, cada tarde observaba la calle y al caer la noche cerraba tembloroso las páginas en blanco de su libro, siempre leyendo el titulo que tantos años le había llevado escribir; “El silencio y la soledad”

Elia Santos

2018

literatura, micro relato

En el consultorio de un psiquiatra

Psiquiatra, lluvia de ideas

—Tu ansiedad es sin duda consecuencia de tus preocupaciones, te preocupas mucho por el futuro.

«Vaya, ya lo sabía»

» ¿Qué haces durante el día?

—Estudio, la mayor parte del tiempo, en mis horas de descanso, miro alguna serie, leo un poco.

—¿Haces alguna actividad que te relaje?

—Escucho música, voy de tiendas, veo películas.

—¿Cuántas horas al día estudias?

—Diez horas, usted entiende como médico, tengo que estudiar bastante.

—¡Vamos! Pero tienes que dejar tiempo para el ocio.

Me quedé en silencio, todo lo que me decía ya lo sabía, empezaba a estar incomoda, era mi primera vez en el psiquiatra, buscaba ayuda para mi ansiedad.

» Dime, si pudieses alargar un día sin que nadie se diese cuenta, por ejemplo, convertir un día a cuarenta y ochos horas ¿qué harías?

—Leería—respondí sin dudarlo. Mientras pensaba en los libros que leería en esas 24 horas extras, quizá por fin terminaría de leer «Guerra y paz» de León Tolstói o podría terminar aquella saga que había empezada hace dos años. En mi biblioteca de Kindle tenía un libro que se llamaba «Milena o el fémur más bello» creo que así se llamaba, tenía buenas reseñas, o si sale a la luz por fin el nuevo libro de George R.R Martin. Incluso podría sacar de la biblioteca un libro que me había llamado la atención «Cartas de amor de grandes hombres.»

—¡Vamos! No todo en la vida es estudiar, podrías ir a tomarte una caña con tus amigos, ir a un bar, convivir con más gente.

«¿No se suponía que nadie se daría cuenta? Qué sentido tendría entonces salir con amigos, a no ser que cayera en un agujero negro, regresaría como si nada, pero entonces, yo no me habría dado cuenta y no haría nada, los demás estarían preocupados, estaba realmente confundida, o quizá ellos caería en un agujero negro, tampoco tenía mucha lógica, porque no pasaría tiempo con ellos»

—Tiene razón Doctora, lo mejor sería convivir con mis amigos —dije al darme cuenta que ella no comprendía lo imaginativa que podía ser en algunos temas y quizá ese era mi principal problema. Lluvia de ideas y pensamientos.

Elia Santos

2020

micro relato

Consecuencias del coronavirus

Cada viernes por la tarde tres amigas se reunían para contar las novedades de la semana, era una costumbre tan arraigada, que ya ni tan siquiera se llamaban para confirmar su cita en su acostumbrado café vespertino. Y así pasaron los años, hasta que cierto día fue necesario hacer la llamada de confirmación, las noticias ensombrecieron ese día y una impactante noticia; el café estaría cerrado hasta nuevo aviso.

Y por primera vez, aquellas tres mujeres hicieron uso de algo que los jóvenes usaban tanto “Videollamada grupal” y para avanzar más en la tecnología; un grupo de WhatsApps. Y de esa forma aquellas tres mujeres valoraron la tecnología, recordando con nostalgia su lugar de años, el cual era su tema de conversación, pues no tenían novedades que contar.

Elia Santos

2020

Elia Santos, micro relato, Narrativa

Obsesión

Laura era maestra de ciencias naturales de primaria; le gustaba compartir con los niños más pequeños de su salón de clases. Cada mañana seguía la misma rutina: bañarse, cambiarse y beber su taza de café; así pasaban los días.

Hasta que, cierto día, se despertó apenas cinco minutos antes. No había agua para bañarse y empezó a ponerse ansiosa. Se dijo a sí misma que el día continuaría como siempre, que nada malo sucedía; así que se cambió y se preparó su taza de café. Al primer sorbo se le derramó en su camisa blanca, que tan pulcramente llevaba. Ahí fue cuando comprendió que el día iba a ser malo y que no saldría de su casa hasta que todo fuera según sus planes diarios.

¿Cuántos días pasaron para que esto sucediera? Nadie lo sabe, ni ella misma. Cuando por fin se despertó a la hora prevista, se duchó, se cambió y el café no se derramó; entonces salió : ¡los niños eran adolescentes!

Elia Santos

Abril 2020

Cuento, Elia Santos, Honduras, literatura, micro relato

El mejor diario

Hace algunos años, era una preadolescente, conocí a una maestra jubilada, pasamos (mi madre, mi hermana y yo) un día frente a su casa, nos llamó con alegría, ella estaba frente a su casa, quiso el destino que ese día la encontráramos, no digo «conociéramos» en el pueblo donde crecí todos saben quién es cada uno. Así que entablamos una amena conversación, y la conversación nos llevó a los libros, nos hizo entrar a su casa ¡Era una coleccionista! nunca había visto tantas maravillas juntas, eran libros antiguos de pasta gruesa con ese olor característico a lignina.
Al ver nuestra emoción nos prestó unos cuantos, los llevamos a casa con mucha ilusión, los leímos; eran novelas hermosas, llenas de romance, aventura y sueños hechos realidad.
Desde ese día la visitamos a menudo, era una señora viuda y había perdido a su hija, vivía sola, era una de esas personas que nunca se olvidan, ella me regaló el libro que me salvo muchas veces del aburrimiento, la tristeza y la impotencia; me hizo soñar. Ese libro va conmigo a todas partes, desde que lo tengo en mis manos, es mi cómplice, un compañero y diario a la vez.

 

 

El mejor diario.
Elia Santos, Historia, Honduras, literatura, micro relato, Narrativa

El visitante que no volvió

Llegaba dos veces cada año, recuerdo que siempre lo esperaba ansiosa, incluso algunas veces con curiosidad, y,  no es que deseara verlo,  la verdad era que no entendía mis sentimientos hacia él, algunas veces y más al principio sentía dudas, luego lo sustituí por miedo y al final, en su última visita, solo sentía indiferencia.

        Y así fue, como aquel visitante se quedó en el olvido, se volvió tierra seca, y , cuando hizo un viento muy fuerte, se disolvió en el aire.

 

 

Elia Santos

abril 2020

Honduras, literatura, micro relato, Narrativa

Una familia y el campo

campesinos

Santos, un niño de ocho años de edad, flacucho y respingado con algunas pecas en el cachete más creo que era resultado de el sol ardiente que día a día le agobiaba con sus esplendorosos rayos en su jornada de trabajo, se despertó Santos como todos los días a las 4 AM, se enjugó la cara y las manos y con pasos arrastrados por la pereza se dirigió al cuarto, vio de soslayo la cama que aunque era dura y vieja resultaba más acogedora que meter sus pies en botas de cuero ya desgastadas por el uso constante de él y de tres niños anteriores que al estar aún en “buen estado” para usarse había tenido la suerte de heredarlas, miró a su hermanita de tres años que a pesar del ajetreo aún dormía plácidamente ¡Que poco le duraría!-Pensó. Había escuchado a su abuela decir que en un año ya se levantaría con las demás mujeres para ayudar con los deberes del hogar, era habitual que en medio de ese ritual de preparación se quedara parado ensimismado y absorto, una mano áspera y rígida lo sacó de sus pensamientos, sintió unas palmaditas en el hombro y reaccionando avanzó hacia afuera donde estaban las mujeres de su familia que  superaban en número a los hombres, ya habían sacado la primera tanda de tortillas, su abuela envolvió en unas mantas el almuerzo de los tres hombres de la casa; su padre, su abuelo y él. El desayuno transcurrió envuelto de palabras y risas, su abuela alegaba que en ningún un partido político  se podía confiar, que el pobre era arrastrado y engañado todo el tiempo, mientras que su abuelo junto con su padre imploraban que comenzara el tiempo de lluvia antes de lo previsto pues en unos días terminaban de arar la tierra y después de una humeante taza de café negro cada uno se levantó a coger sus respectivas herramientas, cogió un machete y un bulto de la mesa que era su comida, su madre gritó que no se les olvidara el agua para beber y así pronto caminaban los tres por las calle polvorosas, Santos detrás de su padre y abuelo, después de una caminata de cuarenta minutos llegaron al terreno que sembraban dos veces cada año. Cada uno se dispuso a trabajar, al cabo de una hora de trabajo vio como todos los días, niños cogidos de la mano de sus madres, limpios y uniformados caminar hacia la escuela, suspiro y continuó con su trabajo.

 

 

Elia Santos

Diciembre 2019

literatura, micro relato, Narrativa

Retrato de una cumpleañera

cumple

-Algo traman-pensó una niña, su abuela le había tomado las medidas y su madre había llegado con un paquete misterioso envuelto en papel café oscuro, pero nadie le decía nada, su hermana no hacía caso a su curiosidad y la niña seguía pensando.

Un día como cualquier otro, su mamá la bañó personalmente, la peinó y perfumó y sacó del armario un lindo vestido color mostaza, con un escote en forma de corazón en la espalda, ¡y no solo eso! también unas lindas zapatillas mostaza y calcetines mostaza «¡Lo más bello que una niña había visto en zapatos!»

-Hoy cumples siete años-dijo su madre cariñosamente. «¡Que sorpresa! ya hacía mucho no celebraba un cumpleaños» Como una princesa todos los miembros de la familia la felicitaron y por la tarde llegó Don Tavo el fotógrafo del pueblo para plasmar la sonrisa del cumpleaños número siete, mientras su madre afanada con un espejo por detrás para que también quedará plasmado el coqueto escote.

En celebración de mi treinta cumpleaños, dejo una memoria que vive en mi.

 

Elia Santos

7 agosto 2019

micro relato

Agorafobia

agorafobia

Renato no era un hombre común, me refiero a que él hablaba cuando debía, observaba lo que le interesaba y expulsaba mierda por el culo cuando la necesidad lo ameritaba, ese fue su error; ser tan diferente, pues el hombre comúnmente expulsa mierda cuando habla, mira todo y nada, se devana en antojos para no pensar en la mierda que no sale… y así fue como Renato perdió el sentido de la vida ante los ojos de los demás y creó esa fobia social.