Poesía latinoamericana, Poesía social

Los elegidos de la violencia, Roberto Sosa

Roberto Sosa

No es fácil reconocer la alegría

después de contener el llanto mucho tiempo.

El sonido de los balazos

puede encontrar de súbito

el sitio de la intimidad. El cielo aterroriza

con sus cuencas vacías. Los pájaros pueden alojar la delgadez

de la violencia entre patas y picos. La guerra fría

tiene su mano azul y mata.

La niñez, aquella de los cuidados cabellos de vidrio,

no la hemos conocido. Nosotros nunca hemos sido niños.

El horror

asumió su papel de padre frío. Conocemos su rostro

línea por línea,

gesto por gesto, cólera por cólera. Y aunque desde las colinas admiramos el mar

tendido en la maleza, adolescente le blanco oleaje,

nuestra niñez se destrozó en la trampa

que prepararon nuestros mayores.

Hace ya muchos años

la alegría

se quebró el pie derecho y un hombro,

y posiblemente ya no se levante, la pobre.

Mirad.

Miradla cuidadosamente.

Desde niña estuve interesada en el mundo de la literatura, en la pequeña ciudad donde crecí se hablaba con frecuencia de este gran poeta «Roberto Sosa» quien era originario de mi querido pueblo Yoro, Yoro. Cuando pasaba frente a su casa familiar imaginaba su vida de infante. Mi abuela frecuentaba a su hermana que vivía en la casa familia de los Sosa y yo con curiosidad evaluaba cada rincón de aquella casa. No me era permitido meterme en conversaciones de adultos, así que sentada en un rincón mientras mi abuela hacía su visita esperaba ansiosa que saliera a relucir el tema del gran poeta quien en 1990 el gobierno de Francia le otorgó el grado de Caballero en la Orden de las Artes y las Letras.

En la adolescencia me atreví a hacer su bibliografía, así que decidí presentarme a la casa de él y hablar con su hermana. Roberto Sosa ya vivía en la ciudad capital de Honduras «Tegucigalpa» con cuaderno y lápiz en mano hice toda clase de preguntas, todas las que tenía pendientes, su hermana una mujer humilde y colaboradora satisfizo todas mis dudas.

Mi poema favorito de él es «Los pobres» que ya he publicado con anterioridad.

escritores latinoamericanos, Poesía social

A un general, Julio Cortázar

Región de manos sucias de pinceles sin pelo

de niños boca abajo de cepillos de dientes

Zona donde la rata se ennoblece

y hay banderas innúmeras y cantan himnos

y alguien te prende, hijo de puta,

una medalla sobre el pecho

Y te pudres lo mismo.

Julio Florencio Cortázar Descotte, nació en Bruselas, Bélgica, el 26 de agosto de 1914.
Escritor, traductor e intelectual de nacionalidad argentina, solicitó y le fue concedida la nacionalidad francesa en 1981, renunciando a la de su origen en protesta por la política del gobierno argentino.

Estar en contacto con guerras y diplomacias, le hizo ser consciente de la realidad de ese mundo como él mismo escribió «La Revolución cubana… me mostró de una manera cruel y que me dolió mucho el gran vacío político que había en mí, mi inutilidad política… los temas políticos se fueron metiendo en mi literatura» (La fascinación de las palabras).

Este poema corto, pero de gran peso, nos demuestra su sensibilidad social y la forma en que estos conflictos políticos le afectan.
Además de su narrativa y su obra poética fue un excelente traductor.
Murió en París, Francia, el 12 de febrero de 1984.

Poesía social

José Martí (1853-1895)

José Martí es uno de mis escritores favoritos, especialmente su poesía, me encanta como deja sus sentimientos en cada verso, mi poesía favorita “La niña de Guatemala“.

De origen cubano, político, pensador, filósofo, revolucionario y poeta. Admiro sus historia y constantemente leo sobre su vida y filosofía.

Les dejo mi segunda poesía favorita de José Martí, un poema muy sentido, dedicados ocho estudiantes de medicina que fueron fusilados injustamente el 27 de noviembre de 1871 en la Habana, Cuba.

A mis hermanos muertos el 27 de noviembre

Cadáveres amados los que un día
Ensueños fuisteis de la patria mía,
Arrojad, arrojad sobre mi frente
Polvo de vuestros huesos carcomidos!
¡Tocad mi corazón con vuestras manos!
¡Gemid a mis oídos!
¡Cada uno ha de ser de mis gemidos
Lágrimas de uno más de los tiranos!
¡Andad a mi redor; vagad en tanto
Que mi ser vuestro espíritu recibe,
Y dadme de las tumbas el espanto,
Que es poco ya para llorar el llanto
Cuando en infame esclavitud se vive!

 Y vime luego en el ajeno lecho,
Y en la prestada casa, y en sombría
Tarde que no es la tarde que yo amaba.
¡Y quise respirar, y parecía
Que un aire ensangrentado respiraba!
Vertiendo sin consuelo
Ese llanto que llora el patrio suelo,
Lágrimas que después de ser lloradas
Nos dejan en el rostro señaladas
Las huellas de una edad de sombra y duelo,-
Mi hermano, cuidadoso,
Vino a darme la calma, generoso,
Una lágrima suya,
Gruesa, pesada, ardiente,
Cayó en mi faz; y así, cual si cayera
Sangre de vuestros cuerpos mutilados
Sobre mi herido pecho, y de repente
En sangre mi razón se oscureciera,
Odié, rugí, luché; de vuestras vidas
Rescate halló mi indómita fiereza…
¡Y entonces recordé que era impotente!
¡Cruzó la tempestad por mi cabeza
Y hundí en mis manos mi cobarde frente!

  Y luché con mis lágrimas, que hervían
En mi pecho agitado, y batallaban
Con estrépito fiero,
Pugnando todas por salir primero;
Y así como la tierra estremecida
Se siente en sus entrañas removida,
Y revienta la cumbre calcinada
Del volcán a la horrenda sacudida,
Así el volcán de mi dolor, rugiendo,
Se abrió a la par en abrasados ríos,
Que en rápido correr se abalanzaron
Y que las iras de los ojos míos
Por mis mejillas pálidas y secas
En tumulto y tropel precipitaron.

Sobre un montón de cuerpos desgarrados
Una legión de hienas desatada,
Y rápida y hambrienta,
Y de seres humanos avarienta,
La sangre bebe y los muertos mata.
Hundiendo en el cadáver
Sus garras cortadoras,
Sepulta en las entrañas destrozadas
La asquerosa cabeza; dentro del pecho
Los dientes hinca agudos, y con ciego
Horrible movimiento se menea
Y despidiendo de los ojos fuego,
Radiante de pavor, levanta luego
La cabeza y el cuello en sangre tintos:
Al uno y otro lado,
Sus miradas estúpidas pasea,
Y de placer se encorva, y ruge, y salta,
Y respirando el aire ensangrentado,
Con bárbara delicia se recrea.
¡Así sobre vosotros
-Cadáveres vivientes,
Esclavos tristes de malvadas gentes-,
Las hienas en legión se desataron,
Y en respirar la sangre enrojecida
Con bárbara fruición se recrearon!

  Pero, ¿cómo mi espíritu exaltado,
Y del horror en alas levantado,
Súbito siente bienhechor consuelo?
¿Por qué espléndida luz se ha disipado
La sombra infausta de tan negro duelo?
Ni ¿que divina mano me contiene,
Y sobre la cabeza del infame
Mi vengadora cólera contiene?…

¡Ellos son! ¡Ellos son! Ellos me dicen
Que mi furor colérico suspenda,
Y me enseñan sus pechos traspasados,
Y sus heridas con amor bendicen,
Y sus cuerpos estrechan abrazados,
¡ favor por los déspotas imploran!
¡Y siento ya sus besos en mi frente,
Y en mi rostro las lágrimas que lloran!

¡Y más que un mundo, más! Cuando se muere
En brazos de la patria agradecida,
La muerte acaba, la prisión se rompe;
¡Empieza, al fin, con el morir, la vida!

¡Oh, más que un mundo, más! Cuando la gloria
A esta estrecha mansión nos arrebata,
El espíritu crece,
El cielo se abre, el mundo se dilata
Y en medio de los mundos se amanece.

¡Déspota, mira aquí como tu ciego
Anhelo ansioso contra ti conspira;
Mira tu afán y tu impotencia, y luego
Ese cadáver que venciste mira,
Que murió con un himno en la garganta,
Que entre tus brazos mutilado expira
Y en brazos de la gloria se levanta!
No vacile tu mano vengadora;
No te pare el que gime ni el que llora;
¿Mata, déspota, mata!
¿para el que muere a tu furor impío,
El cielo se abre, el mundo se dilata!

Denuncia Social, Poesía social

Miseria

Ya nada queda del murmullo que encendía la hoguera
Las voces silentes se disipan; la llama se vuelve cenizas
Entre la multitud se agitan los desamparados
Nadie los observa; sus voces y su presencia no coinciden
Caminan con pasos cansados, sus labios solo saben monosílabos
Creen que no tiene derecho a soñar, y agradecen la miseria
que otros con segunda intención les ofrecen sin mirarlos
Se alegran y rezan por una acción denigrante
Es posible que mueran en el silencio inexistente
de sus propias vidas y aún así, recuerden con gratitud.

Elia Santos
2020
Amor, Poesía social

Todos soñamos

Hemos soñado con la gloria

Hemos soñado con la felicidad

Hemos soñado con un mundo

Liviano, dócil, risueño

Todos hemos soñado con un mundo

Carente de congoja e hipocresía

Con un mundo lleno de bondad

Hemos soñado todos con un manantial sin fin

Con las cuatro estaciones con su auténtica naturaleza

Con el viento azotar suavemente sin daños

Con las personas cruzar la calle sin temores

!Todos hemos soñado!

Elia Santos

2017-2020

Elia Santos, Honduras, Poesía social

Presente

Me digo que la fuerza es la idea
De un avance seguro.
La perseverancia, se extingue
y se aplazan los plazos de permitirse soñar.
Se siente el miedo, la desesperanza,
El pánico ha reemplazado  la libertad.
Los árboles se extrañan y se agitan como siempre,
Apacibles y tranquilos.
Recordamos los días de antier, donde volábamos
Y nos abríamos pasos entre la multitud
Pero eso ya es agua pasada de la cual no podemos beber
Al menos por hoy.

Elia Santos
2020
Honduras, Poesía social, poesia, Reforma agraria

Campesinos

 

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Autor:ORLANDO SIERRA (Imagen)
Crédito:AFP
Copyright:AFP or licensors

 

 

Bañados en sudor caminan

Los agrestes campesinos

Pasos lentos; trastabillan

Al vaivén de sus voces

Cansadas y silentes

Llevan en su frente

El sol ennegrecido

Y en sus espaldas cargan

Cifras de sustentos

Que bien es cierto

Nadie se asombra al verlos

Pues nuestros pensamientos

Entrenados están a no sentir

Y como autómatas caminamos

Y el campesino mientras tanto

Nos da a comer sus sueños

Nos roba el hambre

Y a cambio nos brinda una sonrisa.

 

Elia Santos

Junio 2019

Amor, Denuncia Social, Poesía social, poesia

Nos llaman miserables

 

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Nos han desgarrado las Alas

Luego nos han mutilado la voz

Han hecho demasiadas cosas

Nuestras miradas son frías

 

Nos han quemado los sentimientos,

Cero vale nuestro esfuerzo

Números rojos envuelven los hogares

A decir verdad, ya nada nos queda

 

Nuestro orgullo herido

Lo ha pisoteados con zapatos de acero

Inquebrantables desdichas,

Miserables nos llaman

 

El futuro a largo plazo

Es un sueño que vuelve opaco

Nuestro futuro será;

Una miseria de escombros.

 

Elia Santos

2018

Denuncia Social, Poesía social

El sí y el no

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Te escucho mientras observo tu horizonte

Cual rosa sometida entre espinas

Observo tu rostro, te escucho inocente

Te han obligado a ejercer y sin propinas

 

Y si yo te dijera, que el “NO” existe

Y que las consecuencias persisten

Persisten a través del tiempo

Luego son nada más que pasatiempos

 

Pero dijiste “SI”, esa palabra existe

Y las consecuencias no persisten

Están cada segundo, constantemente

Taladran tu cerebro, es tu trabajo, no tu pasatiempo.

 

 

Elia Santos

2018

 

 

Poesía social, poesia

La espada o la cruz de madera

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He venido a luchar con mis manos ocupadas

En la derecha tengo una cruz de madera

Y en la izquierda una espada afilada

 

Mientras mi corazón se desangra

Por mis grotescos pensamientos

Camino lento, pero sin titubeo

 

Estoy decidida a clavar la espada

Mientras murmuro una oración

Y te muestro la cruz de madera

 

Valientes los que luchan

Contra el mal de los pueblos,

Te he dado dos opciones;

La espada o la cruz de madera.

 

Elia Santos

2018