El Consejo Maternal

el consejo maternal

El día de las Madres, en Honduras lo celebramos el segundo domingo de Mayo, sin duda no hay cosa más hermosa que el amor maternal, sin querer al pensar en el regalo que le haré a mi Madre recordé todos mis años de escuela y colegio, siempre celebraba el día de la Madre con entusiasmo y me anotaba en todas las actividades, baile, declamar poesía, canto (aunque soy pésima en eso), pintura (no tengo nada de habilidad), sin duda lo mío era declamar, de hecho mi primer premio por escribir me lo gané escribiendo un poema para el día de las Madres, no fue un premio ostentoso, el ganador lo recitaba en la celebración del día de la madre, algo que me llenó de orgullo, en fin…. me he salido del contexto al escribir estas líneas, es que me emociona recordar mis años de colegio. Les quiero hablar de un poema muy especial para mí, un poema que lo recitamos tanto mi hermana y yo para el día de las Madres, y que cuando lo leí por primera vez me saco algunas lágrimas, de hecho aún lo hace, reacción que tiene en muchas Madres al escucharlo, se los dejos para que compartan conmigo esta poesía tan hermosa, si alguno ha leído a Olegario Víctor Andrade, seguro ya sabe de lo que hablo.

EL CONSEJO MATERNAL

Ven para acá, me dijo dulcemente
mi madre cierto día;
(aún parece que escucho en el ambiente
de su voz la celeste melodía).

Ven, y dime qué causas tan extrañas
te arrancan esa lágrima, hijo mío,
que cuelga de tus trémulas pestañas,
como gota cuajada de rocío.

Tú tienes una pena y me la ocultas.
¿No sabes que la madre más sencilla
sabe leer en el alma de sus hijos
como tú en la cartilla?

¿Quieres que te adivine lo que sientes?
Ven para acá, pilluelo,
que con un par de besos en la frente
disiparé las nubes de tu cielo.

Yo prorrumpí a llorar. Nada, le dije;
la causa de mis lágrimas ignoro,
pero de vez en cuando se me oprime
el corazón, y lloro.

Ella inclinó la frente, pensativa,
se turbó su pupila,
y, enjugando sus ojos y los míos,
me dijo más tranquila:

– LLama siempre a tu madre cuando sufras,
que vendrá, muerta o viva;
si está en el mundo, a compartir tus penas,
y si no, a consolarte desde arriba…

Y lo hago así cuando la suerte ruda,
como hoy, perturba de mi hogar la calma:
¡ Invoco el nombre de mi madre amada,
y, entonces, siento que se ensancha el alma !

Olegario Victor Andrade
(1839-1882)

Una carta a mi madre

 

10 de mayo del 2020                                                                            Ávila, España

Querida mamá

Hoy me desperté pensando en ti, no creas que me sucede a menudo, disculpa por no escribirte antes, he estado ocupada. No creas que he dejado atrás los días en los que me abrazabas y rogaba por dormir contigo, resulta que ahora tengo tantas cosas por hacer, tantas metas que cumplir, tantos objetivos planteados que a veces se me olvida lo que en verdad importa.

Los días como hoy, cuando la suerte se aleja y los problemas me arropan, el único pensamiento que me consuelan eres tu, deseo volver a ser una niña, esa época donde todos los problemas se terminaban cuando tú te hacías cargo, entonces yo podía dormir tranquila.

Aprovecho para decirte que tengo días bueno y días malos, que los malos siempre son más intensos que los buenos, pero tu ejemplo me levanta cuando te recuerdo día a día con una sonrisa. Ahora comprendo que muchos de esos días no eran para sonrisas, eran para derrumbarse y llorar, pero no lo hacías, admiro tanto tu fortaleza y es esa fortaleza la que hace que me levante.

Ahora me dejo de tantas palabras y paso a decirte el motivo de mi carta, quiero decirte que aunque me enoje, no te llame, no me consuelen tus palabras y no escuché tus consejos, por las noches cuando mi voz no se escucha, escucho la tuya y analizo tus consejos y tus palabras, quizá no lo acepté y que después de esta carta continúe renuente a ti, por favor, cuando esté distante y mire para otro lado, saca esta carta y léela, porque será justo lo que pienso.

Me despido con un abrazo Madre.

P.D Te amo.

Elia Santos

A mi ángel

CUADROS AL ÓLEO DE MADRES CON NIÑOS

¡Oh Madre!

¡Me han derrotado!

Han creado en mi;

Temor y desconfianza

Han hecho que vuelva atrás

He visto como la vida me ha envuelto

Como me ha enfermado

Y como me ha sanado

He diseñado espacios

Con nuestra mirada

He visto como el amor nos aferra

He dicho palabras en mi desespero;

Dios dónde estas?

He orado y he llorado

Y mientras medito me he dado cuenta

Que nada vale, que todo ha estado bien

Tu existes, estas en mi vida

Que nunca hay finales malos

Que nunca habrá desafíos que no gane

Que siempre te amaré

Y que cada vez que te he herido

Con mis palabras arrogantes

Me he lastimado tanto

Que las nubes se aprisionan en mi pecho

Y solo un abrazo tuyo

De perdón infinito las despeja.

Elia Santos

2019